domingo, 18 de enero de 2015

Para dar ese gran paso

Recientemente me cuestiono mucho sobre qué es lo que estoy haciendo con mi vida, ¿qué es lo que realmente quiero?, ¿qué es lo que me hace feliz?. Hago pausas mentales para preguntarme ¿por qué aún no he hecho esto o aquello, ¿miedo?, ¿inseguridad?, ¿qué es realmente lo que me preocupa? ¿por qué no estoy en Harvard como lo había deseado desde el primer día en que puse un pie en la universidad? ¿por qué seguía sin postularme a ese concurso al que tanto he querido pertenecer desde un 'casi siempre'?, ¿por qué seguía sin recorrer Sudamérica con una simple mochila en hombros?.¿Qué hacía falta? ¿Qué es lo que estaba esperando?...
Nos pasamos la vida haciendo planes, planteándonos objetivos, estructurando una vida aparentemente feliz ó nos la pasamos sin hacer nada, mirando al techo, preguntándole ¿por qué a mí, Dios?, esperando a que todo suceda sin siquiera mover un sólo músculo de nuestro cuerpo. Somos seres extremistas, nos desinteresa estar equilibrados, queremos 'fluir' sin hacer nada o haciéndolo todo al mismo tiempo hasta sofocarnos; sin embargo, seguimos siendo cobardes para dar el gran paso, ese paso que hace falta para continuar. Basta con que despiertes y te pongas en marcha para avanzar y seguir avanzando, no importa cuánto miedo sientes... continúa. Basta un 'lo intentaré mañana' para que hayas perdido la oportunidad de lograrlo ese mismo día. No importa cuán inseguros estamos de dar el 'gran paso', si no estás dispuesto o dispuesta a dar pasos pequeños jamás te acercarás a eso que tanto anhela tu corazón. Por esto estoy aquí, a estas horas de la madrugada, dando ese gran paso de iniciar una sincera conversación conmigo misma y preguntarme qué es lo que realmente quiero. Pero eso sí, asegurándome de que esta vez sea lo que me hace feliz a mí, lo que me permitirá crecer como persona, como ser humano. Aunque "todo tenga su razón de ser", jamás olvides "hacer que las cosas pasen". Despierta, ármate de ese valor que tienes arrinconado en una esquina de tu habitación, sal y déjate maravillar por las simples cosas de la vida que mueven el mundo entero. 

¡Bendiciones siempre!
Tatiana

lunes, 15 de septiembre de 2014

Una niña que juega a ser grande!

En un mundo de hipócritas y burocráticos camino yo, alta y aparentando cierta elegancia en cada paso. Finalmente no sirve de nada porque igual termino conociendo el piso y raspando mis rodillas. Sin embargo, en el fondo sigo manteniendo esa niña llorona que tuerce los ojos cuando algo no le gusta, levanta los hombros cuando no quiere hacer algo, hace la ley del hielo cuando se enoja y hace rimas para discutir con los demás. Así que mientras divagaba mentalmente hasta que la ecovía se dignara a salir de la Marín, me di cuenta de que sigo siendo una niña que juega a ser grande. Por eso es que estoy donde estoy. Yo creía que sería divertido jugar a la casita, así que tomé mis cuatro trapos y me independicé, como quien dice. Me decía: "¡Quiero jugar a la cocinita!" y de repente me vi preparando mis desayunos, almuerzos y cenas. También me dije alguna vez lo divertido que sería jugar al papá y a la mamá, así que en menos de un año me conseguí un novio, que juega muy bien por cierto! Creía que sería divertido jugar a las profesiones, así que cursé una carrera universitaria donde no me gustaron los niños con los que jugué, eran una bola de zoquetes; y luego, para hacer más interesante el juego, me conseguí un trabajo. Entre tanto juego, creía que sería divertido jugar a las aventuras, así que empecé a tomar decisiones y a vivir paso a paso, etapa por etapa... y heme aquí, aún jugando!

jueves, 4 de septiembre de 2014

Miedo

Aquí estoy, nuevamente frente a la laptop sin ningún indicio de inspiración. Hace pocos minutos me levanté de la cama y simplemente encendí este aparato y hasta cierto punto me obligué a ponerme frente a él para empezar a escribir. Tengo miedo, miedo porque sigo sin saber por dónde comenzar o qué rumbo tomar. No me siento capaz de empezar algo en estos momentos y hay días en los cuales siento que pierdo la cabeza, otros días creo que necesito de alguna manera terapia para despertar, y pues hay otros en que no le doy importancia a nada y me tomo todo deportivamente como un hobby. Me cuestiono si estará bien no saber por dónde empezar, sé que debo dar un paso y tal vez esa es la razón por la cual me encuentro aquí. Esta vez no tengo un plan, simplemente una lista de To- Dos que tarde o temprano debería empezar a tachar. Simplemente creo que es miedo.

martes, 15 de julio de 2014

Confesiones a mí misma

Llega un día, así un día cualquiera en que ya no das más porque no te hallas con la vida. En los últimos meses, pese a cualquier optimismo que le meta a mi actitud, algo no termina de cuadrarme. Así que aquí estoy, definiendo qué es eso que tanto malestar me causa. Llegué a la conclusión de que a veces no somos lo suficientemente honestos con nosotros mismos. Así que una noche, de esas en que estoy recostada mirando al techo me dije a mí misma, en un silencio eterno: Ya no quiero hacer nada de lo que estoy haciendo actualmente, no estoy apasionada. ¿Y a qué me refiero con eso? Pues que me di cuenta de que me fui contra marea durante cinco años de carrera por empecinada y porque al estar rodeada de hombres, uno me parecía más soquete que otro, así que solía decirme: ¿Por qué no? No discuto que muchos de los compañeros con quienes compartí las aulas de clase son personas brillantes y muy inteligentes, yo no me catalogo como la lumbrera en la materia, pero yo tenía algo que pocos tienen: esa cosa llamada disciplina que se te pega usualmente cuando eres deportista. En la universidad no fui suprema, simplemente me dediqué a cumplir, a ser ordenada y a opinar cuando conocía de la materia, de lo contrario no hablaba incoherencias, lo cual significó pasar gran parte en silencio... simplemente escuchando. Confieso que no quiero llevar a cabo mi tesis, quizás porque no me siento entusiasmada por hacerla. En lugar de eso, quisiera empezar de nuevo, irme a París a estudiar Artes. Estudiar piano e italiano.

lunes, 14 de julio de 2014

A esos ojos miel...

Con profundo amor quiero hablar sobre aquellos ojos que se han vuelto parte de mi diario existir, aquellos ojos que no hacen otra cosa que enamorarme; aquellos ojos que me miran con sinceridad, con el alma. Esos ojos jamás me han ocultado lo que sienten, han sido los artífices de esas miradas sonrientes, de aquellas llenas de ternura que siempre cuestionan los "poqués" , llenas de pasión, de ira, pero sobre todo de amor. Esos ojos no mienten, y son tan claros que es inevitable no  perderse en ellos.
A simple vista parecerían comunes, pero cuando me acerco a ellos me veo reflejada en esa clara mirada.
Un día, esos ojos se cruzaron en mi camino de la nada, así, sin más ni más, sin pedir permiso, ni nada que se parezca... y algo es claro, desde entonces, nada volvió a ser igual.
A veces jugueteo con ellos, los amenazo con guardarlos en mi bolsillo y no devolverlos, pero los muy coquetos no hacen otra cosa que sonreírme y decirme que me aman, y que no se cansan de verme. Brillan y brillan, brillan con luz propia, coquetean conmigo y hasta seducen los muy descarados. Y cuando están cerrados, por algún motivo una parte de este mundo deja de brillar.
Es práctico decir que no sé cuánto tiempo esos ojos me acompañarán, no me vieron nacer y quizás tampoco me vean morir; sin embargo, tengo la convicción de que hoy por hoy, esos ojos miel son parte de mi aventura por vivir y sé que si algún día me llegasen a faltar... indiscutiblemente jamás los olvidaré.

Siempre he sido fiel admiradora de las miradas, pero ésta, en particular, tiene ese nosequé que me pone nosécómo. Esos ojos, sus ojos... esa mirada, su mirada.

jueves, 3 de julio de 2014

Un viaje inolvidable

En medio de tanta mierda, de tanto estrés y de todo aquello que como persona me es "empuctante" (de existir la palabra, claro está) hago un viaje que no sólo comprendió de agrios momentos, tolerancia y trabajo, sino también un viaje que compartí con mi señor padre. Analizaba que jamás en mi corta vida había compartido un viaje con papá y resultó ser muy especial por las charlas que mantuvimos, por los lugares que recorrimos y porque te das cuenta de que es fácil para un hijo juzgar la labor de su padre. Confesaré que hubieron algunas lágrimas de por medio entre tantas palabras que ahondaban en mi alma y en mi mente, entre relatos que nunca antes había escuchado. Dios y su tiempo perfecto, Dios y sus maneras tan especiales de sorprendernos. Papá y yo coincidimos a finales de junio en un viaje que me hace admirarlo más y darme cuenta del gran hombre, pese a cualquier error, que tengo como papá. Creo que eso es lo único que aspiro de mi vida... momentos de calidad, momentos inolvidables!



Por si preguntan , el viaje fue a Pastaza, Ecuador. Y nuestra estancia fue en la Hostería El Jardín, un lugar mágico para descansar y desconectarse de todo. (No, no soy dueña del lugar, ni tengo descuentos por mencionarlo, simplemente me ha parecido hermoso y ya.) Fin.